Comer alpaca es una decisión que va más allá del gusto. En el contexto andino, comer alpaca significa apoyar una cadena productiva que históricamente ha sido relegada a la industria textil, dejando de lado el valor alimenticio de la carne.
Durante años, muchas comunidades recibieron ingresos únicamente por la lana, mientras que la carne no era valorizada de forma justa. Comer alpaca permite cambiar esa dinámica, ya que impulsa un aprovechamiento integral del animal y genera ingresos adicionales para los criadores.
Desde una perspectiva de sostenibilidad, comer alpaca es coherente con el entorno andino: es una carne magra, de bajo impacto ambiental y adaptada naturalmente al ecosistema altoandino. Integrarla en la gastronomía moderna contribuye a conservar prácticas tradicionales y a fortalecer la economía local.
Así, comer alpaca no solo es una experiencia gastronómica diferente, sino también una forma concreta de participar en la revalorización cultural y productiva del Cusco.
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